Las Olimpiadas suponen una atmósfera donde los atletas se respetan mutuamente, pero una situación muy polémica se vivió este viernes, luego de una pelea de judo que enfrentó al egipcio Islam El Shehaby con el israelí Or Sasson, en Río 2016.
Todo sucedió cuando, al final de la pelea, El Shehaby no quiso saludar a Sasson tras ser derrotado con un ‘ippon’, no respondiendo a la mano extendida de su adversario, situación que produjo una amplia tensión y la manifestación inmediata del público en el Arena Carioca 2.
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Pero esta acción -que fue mal vista por parte de los asistentes al encuentro- no corresponde a una norma de combate. Según la información compartida por BioBioChile, un portavoz de la Federación Internacional de Judo (IJF, por sus siglas en inglés), explicó que “sólo es obligatorio inclinarse ante el adversario”, pero ¿lo hizo?
“Se le ha pedido que se inclinase y es lo que ha hecho”, agregó el experto en la disciplina. A pesar de todo, su comportamiento va en contra de lo manifestado actualmente en el máximo encuentro deportivo que se celebra cada cuatro años.
Pese a todo el logro es grande. “Su comportamiento será estudiado tras los juegos para determinar si deben tomarse medidas adicionales. En el pasado, no es seguro que un combate así se hubiese celebrado. Es ya un gran progreso que los países árabes acepten competir contra Israel“, concluyó en un comunicado el portavoz.
Pese a lo feo que se pueda ver la situación, el presidente del Comité Olímpico Egipcio, Hesham Hatab, ya había declarado que su deportista no se retiraría del evento, porque Egipto “no mezcla política y deporte”.
Esta situación no se ha repetido con otros deportistas de países musulmanes, como lo ocurrido con la saudita Joud Fahmy, quien se retiró el domingo de la competición, en la categoría de 52kg, tras un sorteo que la emparejó con la judoca de Mauricio, Christianne Legentil, quien se podía cruzar, en segunda ronda, con la israelí Gili Cohen.