Una familia chilena lleva más de 50 días flotando en un velero frente a Honduras. Esto debido a que las autoridades de dicho país no les permiten pisar tierra firme por la pandemia COVID-19.
Se trata de la familia de Marcelo Escalante, quienes luego de pasar más de 15 años en España decidieron hacer un cambio en su vida y comprar un barco para regresar a Chile por el mar y llegar hasta Puerto Williams, lugar donde pretendían pasear a turistas.
Sin embargo, las cosas no resultaron como esperaban y la pandemia por el nuevo coronavirus invadió al mundo.
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“Nos vinimos tranquilos, recorriendo cayos e islas deshabitadas del Caribe, donde no hay Internet por ninguna parte y no había nadie que nos dijera lo que ocurría en el mundo por el coronavirus. Recién nos enteramos cuando llegamos al puerto La Ceiba, en Honduras, el 17 de marzo“, explicó Escalante a LUN.
Al llegar a Honduras la fuerza naval los interceptó y les dijo que debían volver a alta mar. “Yo le expliqué que estaba muy cansado y le rogué par que nos dejara atracar en el malecón al día siguiente. Con un tono bien amenazante me dijo que sí, pero que a la madrugada no quería ver mi barco ni en pintura”, contó.
Y aquí la travesía se volvió más complicada. Ese mismo día hubo una tormenta que hizo que su ancla se soltara hasta que encallaron en unas rocas provocando que se dañara el timón y la quilla.
“Lanzamos bengalas y llamé por teléfono. Nadie nos quería ayudar. Alguien dijo por radio que era mucha chamba, o sea, que era mucho problema ir ayudarnos. La última llamada la hice por teléfono al número de emergencias y le dije a una operadora que iba a abandonar el barco porque corríamos peligro. A los cinco minutos apareció un barco de la guardia costera. Nos desencallaron y dijeron que debíamos ir a la isla de Roatán“, señaló.
Marcelo Escalante
Al llegar a la isla Marcelo relató que los trataron como “traficantes“. Sin embargo, poco a poco el capitán del puerto los dejó quedarse en el puerto y se conviritó en un “aliado” pues los ayudó comprándoles cosas.
“Yo le pasaba la tarjeta y la clave y él me traía mercadería. No había otra manera. Pero a los 45 días, la tarjeta reventó. Por suerte salimos en las noticias de Hondura y una chilena, que tiene un hotel en Roatán, supo de nuestra historia y nos comenzó a traer comida”, contó Marcelo.
Al pasar los días y la poca ayuda que recibieron, la familia Escalante optó por “salvarnos solos“.
“Sacamos el timón y lo enderezamos a la antigua, a martillazo limpio, lo mismo con la quilla. El domingo zarpamos a Chile. Pero ya no vamos a Puerto Williams, porque está cerrado, sino a Arica”, explicó.
Y agregó: “Antes debemos ir a Guatemala y dejar a los jóvenes que vienen con nosotros y después pienso recoger al mayor número de chilenos varados que están en el Caribe (…) Porque sabemos lo que es estar atrapado en estas condiciones y que no te ayude nadie. Si todo sale bien, serían 17 días de viaje“.