Fue en octubre de 2018 que el alza en el impuesto en el precio de los combustibles causó el enojo de la población en Francia.

Fue la activista Jacline Mouraud, quien el 18 de aquel mes compartió un video denuncia sobre el alza, logrando más de seis millones de visitas y marcando el inicio de las protestas en el país.

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Un mes después de la publicación, comenzaron las manifestaciones de lo chalecos amarillos, quienes pusieron en aprietos a la administración de Emmanuel Macron, quien finalmente tuvo que frenar las alzas del combustible.

El 18 de octubre, pero del 2019, comenzaba el estallido social en Chile, donde la población salió a las calles para pedir pensiones dignas, no más aumentos de los servicios básicos, mejoras en la salud, etc.

Sin embargo, la violencia también se hizo parte de la protesta, con abuso policial hacia los manifestantes, saqueos, incendios en metros y destrucción del espacio público. Esto provocó que algunas personas comenzaran a utilizar chalecos amarillos con el fin de identificarse y poder proteger sus hogares.

No obstante, el sentido comenzó a cambiar cuando salieron a la luz los casos de que personas, utilizando chalecos amarillos, agredieron a manifestantes. Tal es el caso de John Cobin, quien baleó a un joven en Reñaca, por ejemplo.

Jose Francisco Zuñiga | Agencia UNO

En conversación con La Tercera, la fundadora del movimiento en Francia sostuvo que estas situaciones “desgraciadamente traicionan la esencia misma del movimiento de los chalecos amarillos”.

En ese sentido, explica que “el chaleco amarillo se ha convertido en un símbolo mundial, en un uniforme de protesta. Es el instrumento por el que las personas explican que desde un momento dado, ya no están de acuerdo con el sistema”.

De hecho, precisó que la vestimenta representa a todas las personas que sufren, los chalecos amarillos “no atacaron a los manifestantes, ya que ellos son los manifestantes”.

En relación a como es vista al crisis en Chile desde el extranjero, indicó que “vista de Francia, la protesta chilena es comprensible. Es normal que todos los ciudadanos del mundo puedan desear vivir normalmente. Lo que es común a todos los levantamientos populares que el planeta está experimentando actualmente, es la mala distribución de riqueza. Estamos presenciando el colapso de la sociedad financiera que dará nacimiento a un modelo más virtuoso. Mientras tanto, estamos experimentando un período de caos”, cerró.