Una joven argentina de 18 años sufrió muerte cerebral como consecuencia de una operación a las amígdalas. Falleció luego de agonizar por casi tres semanas y su doctor se dio a la fuga.
Todo comenzó el pasado 10 de febrero cuando Julieta Viñales entró al quirófano de la Clínica Cáceres, en la ciudad de San Juan (Argentina). Si bien se trataría de una operación “sencilla” -la extracción de amígdalas tiene una duración que va entre los 30 minutos y una hora-, la joven salió después de una hora y media. Además, fue dada de alta unas horas después.
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Según contó la madre, Cynthia Aboal, al medio argentino La Nación, tres días después Julieta fue a ver su médico, Maximiliano Babsi, para el primer control postoperatorio. Aboal explicó que a su hija le molestaba la boca en la zona de la operación, a lo que el doctor le dijo que era algo normal y le recetó unos analgésicos que debía tomar cada 24 horas.
Sin embargo, el viernes 14 de febrero Julieta se empezó a sentir mal. “Juli me dice que sentía líquido en la boca. Va al baño y escupe sangre (…) Luego se desmayó y la tuve que dar vuelta porque se ahogaba en su propia sangre”, relató Cynthia.
La joven fue trasladada de urgencias al Hospital Rawson, donde quedó internada en terapia. Durante la intervención de urgencia, a Julieta le repararon la arteria carótida que fue lesiona durante la operación de amígdalas. En esa ocasión, el doctor Babsia le dijo a la madre que “esas cosas pueden ocurrir y hay que ver cómo evoluciona Julieta”. Luego, no se supo más de él.
La joven agonizó durante 18 días por una muerte cerebral y falleció el pasado miércoles 4 de marzo.
La madre de Julieta aseguró al medio local que el caso se podría considerar un “homicidio culposo por mala praxis”, un delito que en Argentina tiene una pena de tres a seis años de prisión.
Para determinar si el médico es o no culpable, le practicarán una autopsia a la joven para saber qué fue lo que sucedió durante el procedimiento y conocer si efectivamente Babsia le perforó la carótida durante la intervención.