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En el Complejo Penitenciario de La Serena se desató una brutal escena de homicidio y canibalismo el 8 de febrero, llevando al retiro del jefe del recinto. Felipe Sepúlveda fue encontrado muerto en la celda 20, con graves lesiones, mientras su compañero Manuel Fuentes confesó haberlo agredido en defensa propia, revelando actos de canibalismo al haberse comido partes del cuerpo de la víctima. El incidente desafortunado reveló un lado oscuro y perturbador en el sistema carcelario, generando conmoción y una investigación en curso.
El homicidio ocurrido el pasado 8 de febrero al interior del Complejo Penitenciario de La Serena no solo abrió una investigación penal por un crimen de extrema violencia, incluidos actos de canibalismo, sino también tuvo consecuencias administrativas: el llamado a retiro del jefe del recinto.
Según antecedentes a los que accedió Diario El Día, todo quedó al descubierto cerca de las 09:00 horas de aquella jornada, tras un aviso radial que alertaba sobre una situación grave en la celda 20.
Al habilitarla, un funcionario encontró a Felipe Sebastián Sepúlveda Ramos (26), condenado por robo con violencia, tendido en el suelo, cubierto hasta el cuello y con evidentes lesiones en rostro y cuello.
A pocos metros estaba Manuel Ignacio Fuentes Martínez (21), también condenado por delitos violentos. Fue despertado por el personal. De acuerdo con el parte interno, tras ser retirado del lugar confesó haber agredido a su compañero durante la noche.
En su declaración relató: “En horas de la noche este interno se abalanza sobre mí con un arma blanca. Yo igual tenía una y lo agredí primero antes de que él me agrediera, esquivando la puñalada”, dijo.
“La puñalada se la pegué en el cuello y empezó a convulsionar. Ahí le empecé a tomar los signos en el cuello y el corazón y noté que estaba muerto (…) Solo voy a decir que fue en mi defensa”, agregó.
Con el paso de las horas, trascendió que el hecho presentó características de canibalismo. En su declaración, el imputado sostuvo que “comencé a desesperarme por lo que había hecho y comencé a comer parte de su cuerpo”.
“Le quité un ojo y me lo comí, al igual que un pedazo de su mano y el cuello, donde le pegué la puñalada. Luego de eso me comí una oreja. Al pasar el rato lo tapé y me dormí a su lado. En la mañana, el funcionario, al habilitar la celda, se dio cuenta de lo que había hecho”, aseguró.