El sangriento ataque a civiles por parte del grupo terrorista Hamás provocó la respuesta israelí con un ‘asedio total’.
Esta decisión política, criticada por la Organización de Naciones Unidas (ONU), dejó aislados a dos millones civiles en Gaza que aguardan, en medio de los bombardeos constantes, la apertura del corredor humanitario.
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“Ni electricidad, ni comida, ni agua, ni gas”. Además de estas amenazas del gobierno israelí se le suma el miedo a morir, los comercios cerrados y los bombardeos constantes.
Con los 260.000 desplazados, el resto de los habitantes de Gaza sobreviven a la sombra del desamparo y aferrados a una única esperanza: la apertura de un corredor humanitario que les permita alimentarse y vivir.
Dentro del territorio comprendido por Gaza, los barrios con instalaciones de Hamás y la Yihad Islámica intensificaron los preparativos para una invasión terrestre.
La guerra en zonas urbanas -al estilo guerrillas- parece ser la modalidad que caracteriza masacre.
“Cualquier miembro de Hamas es hombre muerto”, dijo el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, en el sexto día de guerra.
En su primer discurso formal con su gobierno de emergencia, formado el mismo día con Benny Gantz, uno de los principales líderes de la oposición, agregó: “Hamás es Daesh y vamos a aplastarlo y destruirlo, igual que el mundo destruyó a Daesh”, tras calificar el ataque de “salvajada no vista desde el Holocausto”.
“¿Ayuda humanitaria a Gaza? No habrá electricidad, agua potable o combustible hasta que los secuestrados en Israel puedan volver a casa”, lanzó en X el ministro de Energía de Israel, Yisrael Katz.
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