Diana de Gales dejó este mundo el 31 de agosto de 1997, producto de un accidente automovilístico bajo el Puente del Alma en París, Francia. En el lugar falleció su acompañante, Dodi Al-Fayed y su chofer Henri Paul.

Su deceso dejó un vacío en millones de personas que veían en ella una cara sensible, cercana y amistosa de la realeza británica, pese a los tormentos que vivió producto de la infidelidad constante del príncipe Carlos con Camilla Parker.

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Tras su divorcio, Diana se alejó de la corona pero nunca de sus hijos, los príncipes William y Harry, pese a no poder vivir con ellos. Es por eso que aprovechaba al máximo las veces en que podía visitarlos o vacacionar con ellos.

Si bien no fue feliz en su matrimonio, Diana siempre aseguró que el regalo más grande que le había dado la vida eran sus pequeños, por lo que evidentemente todos su bienes pasarían a sus manos en el caso que ella falleciera.

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