El potente mensaje en ‘Yo soy Lorenzo’ tras propuesta de tratamiento para ‘curar’ la homosexualidad
Cuando Mega lanzó Yo soy Lorenzo, además de exponer la historia de dos jóvenes que cambian de roles al llegar al pueblo de Vista Hermosa, también se aseguró que se trataría el caso de cómo se afrontaba la homosexualidad en la década del 60 en Chile y el mundo.
Recordemos que Lorenzo (Jorge Arecheta), se negó a casarse con Laura (Vivianne Dietz) debido a que era gay. Fue ahí que decidió que su mayordomo Carlos (Mario Horton) se hiciera pasar por él, para evitar cualquier tipo de problema.
Al final, todo este plan quedó expuesto, y no fueron pocas las personas que supieron del secreto del joven. Si bien a varios no les ha importado esto, hay otros que lo han juzgado y enjuiciado, algo desgraciadamente muy típico de la época.
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Por lo mismo, llamó la atención la escena que se mostró este lunes, donde se vio que Agustín (Alejandro Trejo) había regresado al pueblo para insistir con su plan de estafar a Ernesto (Francisco Reyes), y de paso, llevarse a su hijo a Estados Unidos.
Claro que había un especial motivo detrás de todo: “Te puedo ayudar a que te mejores. En Estados Unidos hay un tratamiento, puedes dejar de ser un ‘mariposón’. Es muy efectivo, una conversión total. Lorenzo, puedes llegar a ser un hombre normal”.
“No lo puedo creer, yo soy un hombre normal, no necesito un tratamiento para que usted sepa”, se defendió muy molesto el personaje de Jorge Arecheta.
Agustín en tanto, insistió que esto le permitiría a su hijo llevar un vida ‘normal’, y que así podría casarse con un mujer y tener hijos. Claro que también utilizó duras palabras para decirlo, como ‘rarito’ y que era una ‘vergüenza’.
Tras esto, Lorenzo lanzó un potente mensaje al respecto: “¿Tanto le cuesta aceptarme? ¿No es capaz de ponerse un momento en mis zapatos? (…) yo ya soy un hombre hecho y derecho, y soy un buen hombre. Tengo mis valores, soy honesto, y la única diferencia con los hombres que usted llama normales, es que a mí no me gustan las mujeres”.
“Yo no soy un monstruo, no soy un degenerado, simplemente soy homosexual (…) los homosexuales existen desde el principio del mundo, solo que las personas como usted no tiene la sensibilidad para entenderlo. No voy a permitir que usted me siga haciendo sufrir”, expresó el joven, tras decir que no quería volver a ver nunca más a su padre.
Sin duda, una potente escena que plantea lo complejo que fue para los homosexuales enfrentarse a su familia en esta época, y que incluso se repite hasta nuestros días.
Cabe mencionar que para fines del 50 e inicios del 60, estaban en pleno apogeo las terapias de reconversión contra la homosexualidad, a la cual que se le consideraba una enfermedad. Para ese entonces, la Asociación Psiquiátrica Estadounidense respaldó todo tipo de tratamiento, e incluso catalogó esto como ‘desorden mental’.
Incluso, psiquiatras de aquellos tiempos decían que sus trabajos ‘funcionaban sorprendentemente bien’, y que cerca del 50% de sus pacientes, habían dejado de sentir sus impulsos homosexuales, según detalla un estudio de 1994 de Martin Seligman, piscólogo estadounidense que siguió estas prácticas.
Claro que por otro lado, esto ayudó a que el movimiento LGBT tomara fuerza y comenzara a protestar por los derechos de las lesbianas, gais, bisexuales y transgénero, sobre todo contra los tratamientos de reconversión de esta época.