En la segunda jornada del certamen viñamarino, Karen Doggenweiler volvió a acaparar todas las miradas sobre el escenario de la Quinta Vergara con una propuesta que combinó alta costura argentina y diseño de autor con sello latinoamericano.
Y es que para la noche de este lunes, la animadora apostó por un diseño de la prestigiosa creadora argentina María Gorof, directora de la firma GOROF.
El vestido, en un intenso tono verde esmeralda, fue confeccionado en tul bordado íntegramente a mano, un trabajo artesanal que demandó más de 120 horas de dedicación.
La pieza destacó por sus aplicaciones de flecos en cuentas y cristales checoslovacos dispuestos en hileras geométricas, generando una superficie de brillo continuo que dialogó con las luces del escenario.
El diseño incorporó un escote en V y una espalda cavada profunda, complementados con una capa dramática al tono, también bordada a mano, que aportó movimiento y teatralidad a cada paso de la animadora.
Verde esmeralda y cristales checoslovacos: el deslumbrante look de Karen Doggenweiler en la segunda noche de Viña 2026
Desde la casa de modas explicaron que la creación fue concebida como una extensión del espectáculo: una silueta pensada para interactuar con la iluminación de la Quinta Vergara y potenciar el desplazamiento de Doggenweiler mediante un efecto hipnótico de flecos en degradé, evocando un rol femenino poderoso y atemporal.
El estilismo se completó con sandalias negras de Steve Madden, que equilibraron el protagonismo del vestido con un toque sobrio y elegante.
Los accesorios también tuvieron un relato propio. La animadora lució pendientes diseñados exclusivamente para ella por Claf Goldsmith, inspirados en la geografía de Chile y Sudamérica.
De silueta vertical estilizada —en alusión a la extensión del territorio—, los aros incorporaron tonos morados profundos, verdes vibrantes y destellos blancos, simbolizando la diversidad natural del continente. Para esta noche en particular, la pieza fue especialmente modificada con piedras engastadas hasta su tramo final, reforzando su presencia escénica.

Según explicó la orfebre Laura Fuentealba, el diseño busca fusionar técnica de excelencia con una narrativa territorial sólida, dando como resultado una propuesta de carácter fuerte y elegante.
El look se completó con un moño alto trabajado por el estilista Gonzalo Leonidas, que aportó sofisticación y permitió lucir en plenitud el escote y la joyería.
En maquillaje, Angelina Chiuminatto optó por una piel luminosa y una técnica de sombreado que intensificó la mirada, logrando un equilibrio entre glamour, modernidad y profundidad escénica.
Así, en su segunda aparición sobre el escenario viñamarino, Karen Doggenweiler consolidó una apuesta estética que no solo destacó por su brillo, sino también por su narrativa y coherencia visual, reafirmando su sello en una de las vitrinas más importantes del espectáculo latinoamericano.