La cuarta noche del Festival de Viña del Mar 2026 no terminó con aplausos, sino con una fuerte controversia. El abrupto cierre del show de Asskha Sumathra marcó el primer gran conflicto del certamen, luego de que su presentación fuera interrumpida cuando llevaba casi 50 minutos sobre el escenario de la Quinta Vergara.

La debutante —y primera transformista en pisar el escenario del Festival— alcanzó a recibir las dos gaviotas, de plata y de oro. Sin embargo, el momento en que Karen Doggenweiler y Rafael Araneda despidieron su show desató la molestia del ‘monstruo’, que comenzó a gritar acusando un supuesto “corte” a la rutina.

La versión del contrato de Asskha

Desde la organización sostienen que todo respondió a los tiempos estipulados. El argumento apunta a que el contrato establecía un máximo de 50 minutos en escena.

Fue en el matinal Tu Día, de Canal 13, donde Priscilla Vargas entregó antecedentes que encendieron aún más el debate. Según relató, recibió información directa de alguien “súper conectado” con lo ocurrido.

Respecto a la duración, leyó textual: “el contrato decía 50 minutos. La interrumpieron en el minuto 49“.

Sobre el contenido del espectáculo, explicó que este “tenía una estructura de libreto, con improvisación”. La información que recibió indicaba que la rutina contemplaba cuatro momentos definidos, pero que la improvisación habría hecho que se perdiera el hilo, extendiendo el desarrollo más de lo previsto y superando el tiempo acordado.

El estado de ánimo de Asskha

Más allá de los minutos exactos, el foco también estuvo en cómo se dio el cierre. Según compartió Vargas, el artista estaría afectado por la forma en que terminó su paso por el certamen.

“Ojo, que está muy achacado, triste, por la forma. Óscar (verdadero nombre de Asskha Sumathra) está muy achacado”, leyó en pantalla.

Finalmente, reveló el mensaje que —según su fuente— le transmitieron desde la organización tras bajar del escenario y antes de la conferencia de prensa: “Sabíamos que te ibas a pasar de la raya, pero fue mucho”.

Así, lo que debía ser una noche histórica terminó convertida en tema obligado de conversación, abriendo un debate sobre tiempos, improvisación y el manejo en vivo de uno de los escenarios más exigentes del país.