La cronología de la tragedia en voz de una vecina de (lo que alguna vez fue) Punta de Parra
Tras los devastadores incendios forestales que golpearon a la región del Biobío, Página 7 llegó hasta Punta de Parra para conocer algunos de los miles de testimonios.
Allí, entre las cenizas y las personas resilientes limpiando escombros, Virginia Parra accedió a relatar cómo vivió una de las noches más angustiantes de su vida.
Virginia era la dueña de la casa. El sábado pasado, cuando el incendio comenzaba a avanzar, nadie imaginó que la situación se saldría completamente de control.
“Deberíamos haber evacuado antes, pero nunca imaginamos que el fuego se iba a propagar tan rápido”, recordó.
El incendio voraz que casi hizo desaparecer Punta de Parra
Desde cerca de las 16:00 horas, el ambiente ya se sentía tenso. Con el paso del tiempo, aparecieron remolinos que, según Virginia, ayudaron a que las llamas se esparcieran.
Cerca de las 23:30 horas, el ruido en el techo de la casa era ensordecedor, “como si cayera granizo”, explicó. “Dijimos ‘esto va a pasar’, pero no fue así. Nos dejamos estar”, relató.
La situación se volvió insostenible pasada la medianoche. A eso de la 1:30 de la madrugada, el fuego ya estaba a punto de entrar a la casa.
La familia logró huir hacia Tomé. Diez minutos después, Punta de Parra ya era prácticamente pérdida total.
“Nos dijeron que nos iban a ayudar, pero todavía estamos esperando”
Hoy, Virginia y su familia intentan mantenerse en el lugar, pese a las difíciles condiciones. “La idea es quedarnos acá para cuidar lo poco que queda”, explicó.
Han solicitado ayuda básica, como toldos o colchonetas, pero hasta este martes la asistencia no había llegado. “Nos dijeron que nos iban a ayudar, pero todavía estamos esperando”, afirmó.
“Es triste, porque somos todos una población y a todos nos ha costado surgir”.
Las pérdidas son totales. “No me quedó nada, nada”, dijo con pesar, pensando también en sus nietos y en los niños del sector.
Aun así, destaca la solidaridad de vecinos y voluntarios. “Ha venido mucha gente a preocuparse de que tengamos agüita, que los niños tengan frutita. Eso alegra un poquito el corazón”, comentó.