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La reciente acusación contra Pablo San Martín, hijo de Julia Chuñil, por participar en el encubrimiento del crimen de su madre ha cuestionado su activismo público tras su muerte. La psicóloga forense Margarita Rojo explicó que este comportamiento podría ser analizado desde la psicopatía funcional, destacando la presencia de rasgos como la falta de culpa genuina y la manipulación emocional. Rojo señaló que la participación en actos públicos de duelo puede servir como estrategia para desviar sospechas y generar empatía, dificultando el cuestionamiento crítico. Este patrón, descrito como “duelo instrumentalizado”, evidencia la complejidad de los delitos intrafamiliares y la manipulación emocional en contextos familiares.
La reciente acusación contra Pablo San Martín, hijo de Julia Chuñil, ha reabierto el debate en torno a su exposición pública durante los meses posteriores a la desaparición y muerte de su madre.
San Martín participó activamente en marchas, se posicionó como vocero del dolor familiar y, en uno de los momentos más visibles, subió al escenario durante un concierto de Manu Chao para expresar su tristeza y exigir respuestas.
Hoy, ese mismo comportamiento es observado bajo una nueva luz, luego de que quedara con arresto domiciliario total, tras ser imputado en el crimen de su madre.
Desde una mirada estrictamente profesional y bajo un supuesto hipotético, la psicóloga forense y académica en ADIPA, Margarita Rojo explicó a Página 7 cómo este tipo de conductas pueden ser analizadas desde la psicología forense y la criminología, sin prejuzgar responsabilidades penales.
“Bajo el supuesto hipotético de que se acreditara judicialmente la participación de un hijo en la muerte de su madre, el despliegue posterior de un rol público como activista, vocero del duelo y demandante de justicia podría inscribirse en un perfil criminal caracterizado por un funcionamiento frío, instrumental y altamente orientado al control de la percepción social”, señaló la especialista.
Rojo precisó que este funcionamiento es compatible “con rasgos psicopáticos de nivel subclínico o funcional”, aclarando que ello no implica necesariamente una psicopatía estructural. “Sí la presencia de indicadores como escasa culpa genuina, uso instrumental de las emociones, capacidad para simular afecto o dolor en función de objetivos estratégicos, y una marcada disociación entre el discurso moral público y la conducta privada”, detalló.
“Este patrón, descrito en la literatura criminológica como duelo instrumentalizado y moralización defensiva, resulta particularmente perturbador por la inversión del rol filial —el victimario encarnando a la víctima— y es consistente con perfiles criminales que conservan pleno juicio de realidad, alto autocontrol y ausencia de desorganización psíquica, utilizando el vínculo afectivo y la causa pública no como expresión genuina de reparación, sino como herramienta funcional para la supervivencia social y penal”.
Pablo San Martín y participación en marchas por su madre desaparecida, Julia Chuñil
Respecto a la aparente contradicción entre mostrarse públicamente afectado y, al mismo tiempo, encubrir un delito, la psicóloga explicó que estos comportamientos pueden coexistir sin que el individuo experimente un colapso psicológico.
“Comportamientos aparentemente contradictorios… pueden explicarse por la convergencia de procesos como la disonancia cognitiva, mecanismos de defensa complejos —negación parcial, racionalización y escisión— y la gestión estratégica de la imagen social”, indicó.
“Este patrón se ve reforzado por rasgos de personalidad con baja empatía o culpa genuina, propios de funcionamientos psicopáticos o antisociales subclínicos, que facilitan el uso instrumental de las emociones y de los vínculos afectivos, así como por dinámicas de lealtad familiar rígida, donde la protección del grupo o de una narrativa compartida se prioriza por sobre la verdad o la legalidad, permitiendo que la expresión pública de preocupación coexista funcionalmente con conductas privadas de ocultamiento”.
En ese sentido, asistir a manifestaciones, actos simbólicos o intervenciones públicas de duelo no siempre responde únicamente a una expresión emocional genuina. “La participación en marchas, vigilias u homenajes puede cumplir funciones psíquicas internas y funciones estratégicas externas”, afirmó Rojo, agregando que estos actos pueden operar como “un poderoso mecanismo de autojustificación”, reforzando una identidad moral aceptable y reduciendo el conflicto interno.
Desde el plano social, la especialista advirtió que este tipo de exposiciones públicas generan un efecto inmediato en el entorno. “El duelo público genera empatía automática, inhibe la sospecha y activa normas sociales de protección hacia quien ‘sufre’”, explicó, lo que puede dificultar el cuestionamiento crítico incluso por parte de los medios o las instituciones.
Finalmente, Rojo recalcó que este patrón no es excepcional en delitos intrafamiliares. “Está bien documentado que algunos individuos involucrados en delitos familiares recurren a actos públicos de afecto o victimización como una estrategia para desviar sospechas”, sostuvo. En términos técnicos, este comportamiento ha sido descrito como “duelo instrumentalizado, victimización invertida o encubrimiento emocional”.
“El sujeto se posiciona simbólicamente del lado de la víctima mientras desplaza o diluye su posible rol como agresor, utilizando la sobreexposición emocional en lugar del silencio”, concluyó la psicóloga forense, subrayando que el vínculo familiar ofrece una cobertura simbólica especialmente poderosa en este tipo de casos.