Un matrimonio asegura haber asesinado a al menos 800 personas junto a su escuadrón de la muerte, en la brutal guerra contra las drogas en Filipinas, un país azotado por la violencia impulsada por su propio presidente, Rodrigo Duterte, conocido como el castigador y quien se comparó a sí mismo con Hitler.
Ace y Sheila son asesinos y lideran un prolífico grupo de ataque. No sólo aceptan su nueva vida como sanguinarios agentes contra el narcotráfico sino que incluso defienden su función y dicen que decidieron transformarse en sicarios para que sus hijos no murieran de hambre.
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Estos padres aseguran que les pagan 100 dólares (65 mil pesos chilenos) por cada asesinato y ahora están en tiempos críticos de ‘trabajo’ porque,según indicaron, muchos morirán y vidas se arruinarán si no eliminan a los traficantes.
Más de 4 mil personas declaradas usuarios o traficantes han sido ejecutados extrajudicialmente desde que el presidente Duterte asumió, además de un número indeterminado de inocentes. Pese a ello, el Mandatario ha negado un vínculo directo con la ola de asesinatos que ha aterrorizado al país y que ha levantado voces de defensores de los derechos humanos en todo el mundo.
De esas muertes, el equipo de Ace y Sheila dice ser responsable de un cuarto. Al menos así lo aseguraron en una entrevista con SBS Dateline donde usaron estos nombres falsos y disfraces para ocultar su verdadera identidad.
Cómo llegaron a ser asesinos y como se involucraron con su jefe, quien además es un policía de renombre, son parte de las confesiones que hicieron en la aterradora nota.
“Puede ser gente normal, pero son todos casi lo mismo, traficantes de drogas, criminales o que ha tenido probelmas con el jefe. Asesinamos a ese tipo de gente. Con una sola llamada tenemos la identidad, eso basta. Si encontramos a la persona sola, simplemente la matamos y nos vamos”, contó Ace.
“Desde el inicio sabemos que esto es riesgoso, pero si no lo hacemos hay un riesgo mayor, el de no poder alimentar a nuestra familia. Por eso hacemos este trabajo, porque no podemos postular a otros”, agregó el sicario.
Shelia, según dice su marido, es clave cuando los hombres del equipo no se pueden acercar al objetivo. Se puede hacer pasar por ejemplo por bailarina o mesera en algún bar donde la futura víctima frecuente. Antes de tres días el trabajo está hecho.
“Así se debe hacer. Nos dan el nombre y no hacemos preguntas. La primera regla del grupo es no hacer preguntas. Me digo a mi misma que la persona que maté es un peor persona que yo, que muchas vidas se habrían arruinado si no era asesinado. Deben morir, no es mi culpa. No he hecho nada malo, si ellos no hubiesen sido malas personas ellos no habrían tenido que enfrentarnos”, aseguró Shelia que debe luchar contra la culpa cada vez que ve a sus hijos y justificar sus actos a diario.
Aunque Ace y Shelia son unos despiadados asesinos temen lo que les pueda ocurrir. Saben que no pueden simplemente dejar el trabajo porque los matarían, sólo para evitar que se conozcan más secretos del mortal escuadrón que aterroriza a Filipinas, llamando la atención de la prensa dejando mensajes en los cadáveres y aumentando el terror que reina en su país, impulsado por su propio presidente que busca terminar de cualquier forma con el flagelo de la droga.