Uruguay destaca como el único país de Latinoamérica donde no se reconoce oficialmente el feriado de Navidad. Esta particularidad tiene raíces históricas y políticas.
En primer lugar, el origen de esta decisión se remonta al gobierno de José Batlle y Ordóñez a principios del siglo XX. Su administración impulsó una separación estricta entre Iglesia y Estado.
En consecuencia, varias festividades religiosas fueron reemplazadas por celebraciones laicas.
Por ejemplo, la Navidad pasó a llamarse oficialmente “Día de la Familia”, según lo establecido en el calendario oficial uruguayo.
De ese modo, desde 1919, la ley uruguaya no reconoce el feriado de Navidad, ni tampoco el Día de Reyes, la Semana Santa, ni el Día de la Virgen.
A pesar de esta nomenclatura, la mayoría de los uruguayos continúan celebrando la Navidad en sus hogares, con tradiciones similares a las de otros países latinoamericanos.
Además, el cambio de nombre busca incluir a personas de diferentes creencias religiosas, y fomentar un enfoque más secular en las festividades nacionales.
Sin embargo, este enfoque particular ha generado debate. Algunos consideran que desvaloriza el significado religioso de la fecha, mientras que otros lo ven como un avance hacia la diversidad cultural.