El camélido que abunda en las regiones áridas de Argentina, Bolivia, Perú y Chile podría ser la clave para combatir graves enfermedades, entre ellas, la pandemia mundial por COVID-19.
En específico se trataría de la sangre de la llama, que según consignó La Tercera, ha sido objeto de estudio de varias investigaciones. La primera fue en 2018, realizada por el Instituto Scripps (California, EEUU), la que descubrió que sus anticuerpos son tan “fuertes” que pueden luchar contra todos los tipos de gripe.
[lee-tambien]https://front-p7.dpsgo.com/notas/sociedad/2020/05/05/temor-por-llegada-de-avispon-asesino-a-norteamerica-desde-asia-podria-llegar-a-matar-humanos.shtml[/lee-tambien]
Luego en 2019, la Universidad Austral de Chile detectó que con la sangre del animal se podrían desarrollar tratamientos para enfermedades como el hanta, dengue, zika, cáncer de mama y parkinson.
Y hoy, un grupo de científicos de la Universidad de Texas (Austin, EEUU), de la Universidad de Gante (Bélgica) y del Instituto Nacional de Salud, informaron que podrían desarrollar un tratamiento para el COVID-19 a partir de la combinación de dos moléculas de anticuerpos producidas por éste camélido.
Incluso, ya realizaron una primera prueba en células de cultivo, donde se demostró que la sangre puede bloquear la capacidad del coronavirus para infectar el organismo.
¿Qué hace el anticuerpo? La molécula se une a las proteínas que el SARS-CoV-2 -el virus que causa coronavirus- utiliza para pasar por las membranas celulares. Y se junta de tal forma que “no se suelta”, haciendo que el virus no pueda propagarse en el organismo.
De acuerdo al Dr. Luis Raggi, académico del Departamento de Ciencias Biológicas Animales de la Universidad de Chile, indicó la medio señalado que se trataría de un “tratamiento de vanguardia, dado que es un mecanismo probado en otras enfermedades donde un anticuerpo detecta sitios específicos de la estructura viral, en este caso muy importante porque podría usarse en varios tipos de coronavirus“.
Ahora, el equipo de científicos se encuentra preparando los estudios pre-clínicos y si todo sale bien, el tratamiento pronto se podría probar en humanos. La idea es que luego sea utilizado en personas de la tercera edad y funcionarios de la salud que tienen alto riesgo de exposición al COVID-19.