Jorge Jesús Gavelán Izagirre tenía 71 años cuando falleció el pasado 13 de febrero, justo dos días después de haber tomado su último examen en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en Perú. Las complicaciones derivadas del coronavirus le pasaron la cuenta, pero él se rehusó a dejar de hacer clases.
El docente cumplió hasta el final con sus obligaciones laborales, a pesar de que sufría una cardiopatía y en el último tiempo dependía de un soporte de oxígeno.
Fue a mediados del año pasado cuando se contagió de COVID-19, por lo que fue internado en Lima y le colocaron un marcapasos. La universidad asignó un reemplazante, pero Gavelán notó que su desempeño no era eficiente, ya que no publicaba las notas de los alumnos y se atrasaba con los contenidos del ramo, que se impartía en la facultad de Ciencias Contables.
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“Le dijimos, papá para, y nos dijo: ‘No, yo quiero continuar’. Y continuó. Dictaba clases virtuales tres veces a la semana, a tres salones. Eran un promedio de 6 horas diarias. Llegó a concluirlas, tomó el examen final y desde ahí recién se sintió mal. De necesitar 4 litros de oxígeno, de pronto pasó a 9 litros y tuvimos que llevarlo al hospital”, indicó su hija Fabiola al diario El Comercio.
Profesor Jorge Gavelán | El Comercio
Quiso continuar
La familia de Gavelán se hacía cargo de sus cuidados personales en casa, pues una de sus hijas es enfermera, y el marido es doctor. Se preocuparon al ver su extremo deterioro.
Aunque él decía que solo estaba cansado, decidieron volver al hospital a inicios de febrero. Le hicieron una prueba de antígeno que resultó positiva: se había reinfectado. Por lo mismo, adquirió un concentrador de oxígeno que lo ayudara a respirar.
Volvió a hacer clases hasta que comenzó a requerir más litros de oxígeno de los que la máquina podría administrarle.
“Lo llevamos de emergencia y le hicieron la prueba de antígeno y salió negativo. Le tomaron una tomografía pulmonar y le dijeron que tenía fibrosis y derrame pleural. Dijimos: ‘Ok, ya el COVID se fue y tratemos de reparar el daño que tiene’. Mi papá nos pidió, por favor, que si la prueba salía positiva lo lleváramos a la casa”, reveló la hija del profesor.
La petición de Jorge tenía que ver con su traumático paso por el área COVID del hospital. Cuando estuvo internado en enero, vio morir cada día a otros pacientes.
Jorge Gavelán junto a su familia | El Comercio
Triste final
Desde el hospital indicaron que el paciente tenía que permanecer allí por un período de cuarentena, así que lo llevaron a la unidad de cardiología. Sin embargo, al no haber cumplido el tiempo reglamentario desde su test positivo anterior, tuvieron que trasladarlo igualmente al área de contagiados de coronavirus.
Fabiola lamentó ese duro golpe, pues el deseo del profesor Gavelán de volver a casa no se cumplió. Nadie lo pudo volver a visitar. Falleció después de tres días.
Los alumnos de Jorge Gavelán difundieron una foto suya dictando clases y utilizando una máscara de oxígeno. El objetivo de ello era recordar la valentía y dedicación del profesor. Su familia aceptó que la imagen fuera publicada.
“Fue un excelente docente, de los pocos que vivían su vocación. Priorizó nuestra educación sobre su salud, el legado que nos entregó será motivo para generar un gran cambio en el país”, escribió Esteban Aguilar, uno de sus estudiantes.