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En medio del cierre del año escolar y el inicio de las vacaciones, el juego de mesa resurge como una poderosa herramienta para el desarrollo integral de niños y niñas, según lo explica la fonoaudióloga Monserrat Farías. Los juegos no son solo entretenimiento, sino una oportunidad para construir vínculos, practicar habilidades emocionales y cognitivas, y aprender en un espacio seguro. Farías ofrece una guía detallada de juegos recomendados según la edad de los niños, desde el desarrollo sensorial a la estrategia cognitiva, destacando la importancia de adaptar el juego a los pequeños. Además, en la región del Biobío, se promueve el juego comunitario en bibliotecas, ferias y espacios culturales como una alternativa saludable y enriquecedora para toda la familia durante las vacaciones. ¡Una excelente forma de invertir tiempo en vínculos y diversión sin pantallas!

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Con el cierre del año escolar y el arranque de un nuevo calendario, muchas familias entran en “modo vacaciones” buscando panoramas y juegos que no dependan de pantallas ni terminen en gastos imposibles. Y en ese escenario, hay un recurso simple —pero poderoso— que vuelve a ganar terreno: sentarse a jugar.

De eso habla Monserrat Farías, fonoaudióloga infanto-juvenil que trabaja hace más de 15 años enfocada en el desarrollo integral de niños y niñas, con énfasis en lenguaje, habilidades socioemocionales, funciones ejecutivas y acompañamiento a perfiles de aprendizaje diversos.

En los últimos años, además, profundizó en el aprendizaje lúdico y en el uso de juegos de mesa educativos como herramientas de intervención, vínculo y aprendizaje a través de su proyecto @mon.juegoylenguaje.

La profesional explica que: “En un contexto donde crece la búsqueda de alternativas a la sobreestimulación digital y al aislamiento social, los juegos de mesa aparecen como mucho más que un pasatiempo. La idea no es solo “entretener”, sino construir vínculos, practicar habilidades emocionales y cognitivas, y ofrecer un espacio seguro para equivocarse, intentar otra vez y aprender con otros”.

Según añade, no se trata de revivir esas partidas eternas de Monopoly que terminaban en pelea familiar, ni del UNO con reglas “hechas en casa”. Desde el punto de vista de Farías, los niños no tienen por qué adaptarse al juego: el juego puede (y debe) adaptarse a los niños.

Ante eso, entrega una completa guía de qué juegos utilizar según la edad de los niños, quienes más que ser privados de pantalla, encuentran una alternativa entretenida de juegos durante las vacaciones.

Juegos de mesa en vacaciones: qué buscar según edad y qué se trabaja

De 2 a 3 años: explorar, tocar y nombrar

En esta etapa, el juego es sensorial y exploratorio. No importa “ganar”: importa manipular, observar, repetir y compartir la atención con un adulto. Aquí sirven piezas grandes y seguras, diseños simples, pocos estímulos y reglas mínimas. Se estimula lenguaje temprano, motricidad fina, coordinación ojo-mano, atención compartida y turnos muy breves con apoyo.

Juegos sugeridos: Dominó Animales; My First Puzzle Mideer; línea “Little” de Djeco (Little Action, Little Circuit); memorices grandes con imágenes; juegos de apilar cubos o torres.

La recomendación práctica: mejor “micro-partidas” de 5 a 10 minutos varias veces al día, antes que forzar sesiones largas.

De 4 a 6 años: reglas simples y emoción compartida

Aparecen las reglas como acuerdos básicos para turnarse, sostener una partida breve y aprender autorregulación. Se recomiendan juegos cooperativos, partidas cortas (10 a 20 minutos) y mecánicas fáciles. Se trabaja tolerancia a la frustración, lenguaje narrativo, comprensión de secuencias y habilidades sociales.

Un punto clave: si un niño “hace trampa”, muchas veces no es mala intención, sino dificultad para manejar frustración o miedo a perder. En vez de sermonear, el juego permite acompañar con frases simples: “Entiendo que te dio rabia… probemos de nuevo”, “vamos paso a paso”, “si perdemos no pasa nada, lo intentamos otra vez”.

Juegos sugeridos: Unicornio Destello; El Monstruo de los Calcetines; Spot It/Dobble; Mi Primer Frutal; Bandido; Story Cubes.

También ayuda anticipar cierres: “primero jugamos, después elegimos otro”.

Desde los 7 años: estrategia, humor y desafío

En esta etapa, muchos niños ya sostienen objetivos claros, planifican pequeñas estrategias y toman decisiones con más autonomía. Se recomiendan juegos con estrategia ligera, rapidez mental, lógica o atención, donde ganar no dependa solo del azar. Se potencian funciones ejecutivas (planificación, inhibición, flexibilidad), resolución de problemas y autoestima.

Tip familiar: Permitir que el niño explique las reglas “es oro”, porque fortalece comprensión, lenguaje y seguridad. Mejor preguntar “¿Cómo lo entendiste tú?” que corregir de inmediato.

Juegos sugeridos: Spy Guy; Piou Piou; Taco Cabra Queso Pizza; La Morada Maldita; Monster Match; Brain Box; ¿Quién Soy?

Desde los 12 años: cuando los niños empiezan a ganar “en serio”

Aquí aparece un momento que puede ser hermoso y desafiante para los adultos: los niños ganan por estrategia real, no por suerte. Lejos de incomodar, la invitación es celebrarlo: es señal de habilidades cognitivas de alto nivel. Además, el juego se vuelve un espacio privilegiado para conversar, negociar reglas y argumentar, algo especialmente valioso en adolescencia.

Juegos sugeridos (12+): Dixit; Carcassonne; Just One; Catan; Telestrations; Exploding Kittens; Polilla Tramposa; Virus; Sushi Go!

Si en casa se “pican” con facilidad, una regla simple puede cambiarlo todo: al terminar, cada persona dice una frase de reconocimiento (“me gustó cómo pensaste”, “fuiste buen compañero”). Suma vínculo sin quitar competitividad.

Jugar también es inclusión: juegos adaptados

Farías plantea que los juegos de mesa pueden ser especialmente útiles para niños con neurodivergencias o perfiles de aprendizaje diversos, no para “corregir” algo, sino para practicar habilidades sin etiquetas ni presión. La clave vuelve a ser la misma: ajustar el juego para que todos participen.

Algunas estrategias: ajustar ritmo (turnos breves, mini metas), reducir sobrecarga (menos piezas/cartas), sumar soporte visual (reglas visibles, ejemplos), evitar eliminación, flexibilizar competencia (equipos, sin puntaje, metas compartidas), ajustar nivel de exigencia (simplificar reglas, dar pistas), acompañar emociones (nombrarlas y modelar frases sanas) y facilitar comunicación (aceptar gestos, palabras sueltas o apoyos visuales).

Juegos en vacaciones: panoramas en la región del Biobío

En la región del Biobío, estas ideas también se viven en espacios gratuitos y comunitarios. Entre ellos, Planeta Loz, con jornadas lúdicas en bibliotecas como la Biblioteca Municipal de Concepción y la Biblioteca de San Pedro de la Paz.

También hay ferias, torneos y tardes de juego en distintos espacios culturales y educativos, incluso en enseñanza media y contextos universitarios. Y en lo cotidiano, aparecen panoramas como las tardes lúdicas de KFE – Dog Friendly Coffee Shop en Concepción, donde el tablero se vuelve la excusa perfecta para conversar, reír y compartir.

Al final, la idea no es solo “quitar pantallas”, sino proponer mejores alternativas. Porque jugar no es perder el tiempo: es invertirlo en vínculo, aprendizaje y bienestar compartido. Y, en vacaciones, un buen juego —bien elegido y bien acompañado— puede transformarse en un ritual familiar simple, accesible y profundamente formativo.