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Durante la primavera y verano en Chile, la radiación ultravioleta alcanza niveles extremos, lo que incrementa el riesgo de daños en la piel como manchas, deshidratación y envejecimiento prematuro. El doctor Carrasco destaca que la exposición solar diaria sin protección es suficiente para causar estos problemas. Se recomienda usar protector solar FPS 50+, antioxidantes tópicos y medidas físicas como sombrero y ropa con filtro UV. Para quienes ya tienen manchas, se aconseja una fotoprotección estricta y suspender tratamientos despigmentantes. Señales de alerta incluyen ardor persistente y textura áspera. Mantener una adecuada hidratación y usar activos como ácido hialurónico son clave para cuidar la piel en verano.
Durante los meses de primavera y verano, la piel enfrenta uno de sus mayores desafíos del año.
En Chile, entre septiembre y marzo, la radiación ultravioleta alcanza niveles muy altos e incluso extremos, lo que convierte a esta época en un periodo crítico para la salud cutánea.
El daño es muchas veces silencioso y acumulativo, y puede dejar huellas visibles si no se toman medidas a tiempo.
Durante el verano aumentan con fuerza problemas como las manchas en la piel (hiperpigmentaciones), la deshidratación, el deterioro de la barrera cutánea y el fotoenvejecimiento acelerado.
Y es que “la mayoría de los pacientes subestima el impacto del sol diario. No es necesario quemarse en la playa para generar daño”, explica el doctor Cristóbal Carrasco, médico cirujano de la Clínica Terré.
En palabras del experto: “La exposición cotidiana sin protección es suficiente para provocar manchas, envejecimiento prematuro e inflamación crónica de la piel”.
¿Por qué la piel sufre más en verano?
Por un lado, la radiación UVB produce daño directo en el ADN, mientras que la radiación UVA penetra más profundo y genera estrés oxidativo, afectando el colágeno y la elastina.
A esto se suma el calor ambiental, que provoca vasodilatación e inflamación sostenida, además de sudoración excesiva, contacto frecuente con cloro o sal y deshidratación general del organismo.
Este escenario altera la barrera cutánea y reduce la capacidad natural de la piel para repararse, facilitando la aparición de manchas, textura áspera y sensibilidad persistente.
El sol, el principal gatillante de las manchas
En el caso de las hiperpigmentaciones, el especialista explica que la exposición solar sin protección es siempre el factor determinante, independiente de la época del año o de si el día está nublado.
“El sol es el principal gatillante de prácticamente todas las hiperpigmentaciones. Incluso cuando hay un componente hormonal o inflamatorio, sin radiación solar la mancha no se desarrolla ni se intensifica”, advierte el médico.
Claves de prevención que no fallan
Para prevenir estos daños, el doctor Carrasco enfatiza que el uso de fotoprotector FPS 50 o superior, de amplio espectro, debe ser diario y constante, con reaplicación cada dos horas, ya que después de ese tiempo la protección disminuye de forma significativa.
Además, recomienda incorporar antioxidantes tópicos en la mañana, como vitamina C, vitamina E o ácido ferúlico, junto con medidas físicas como sombrero, ropa con filtro UV y búsqueda de sombra.
Persisten, sin embargo, varios mitos: creer que no se necesita protector si está nublado, que el maquillaje con FPS es suficiente o que solo hay que protegerse en la playa.
Cuando la piel ya está al límite
Para quienes ya presentan manchas, la indicación principal es fotoprotección estricta. “Si un paciente no puede reaplicar su protector cada dos horas, lo más prudente es evitar la exposición solar y suspender tratamientos despigmentantes, incluso los domiciliarios, porque la inflamación sin protección adecuada aumenta el riesgo de empeorar las manchas”, recalca.
Algunas señales de alerta son ardor o picazón persistente, sensación de tirantez pese a una buena hidratación, enrojecimiento frecuente, aparición rápida de manchas o textura áspera. Estos signos reflejan un estado de inflamación subclínica crónica que precede al fotoenvejecimiento acelerado.
Hidratación y rutina básica
Para mantener la piel equilibrada en verano, los activos con mayor respaldo científico son ácido hialurónico, ceramidas, glicerina, pantenol y niacinamida. En cuanto al protector solar ideal, debe ser FPS 50+, de amplio espectro, con alta protección UVA, una textura adecuada al tipo de piel y, en algunos casos, resistencia al sudor.
Además, se recomienda evitar el sol entre las 10:00 y las 16:00 horas, beber al menos dos litros de agua al día, llevar una dieta rica en frutas y verduras y considerar antioxidantes orales bajo indicación profesional.