Una faceta clave en la frenética lucha global que Pfizer, Moderna y otros grupos farmacéuticos han emprendido para desarrollar una vacuna viable contra el coronavirus es el reclutamiento de decenas de miles de voluntarios dispuestos a participar en los ensayos clínicos.

La corresponsal de la agencia AFP en Miami, Leila Macor, participó en el ensayo de fase 3 organizado por Moderna, la firma estadounidense de biotecnología que anunció el lunes que su vacuna experimental contra COVID-19 tiene una efectividad de casi el 95%.

¿Por qué Macor, que sufre de asma, decidió ser uno de los 30.000 sujetos de estudio de Moderna? Aquí relata su experiencia, que comenzó pocas semanas después de que su propio padre muriera de COVID-19 en Chile.

Una decisión delicada

“Mi padre murió tres semanas antes de que comenzaran los ensayos clínicos de Pfizer y Moderna a fines de julio. Murió solo, como muere la gente de este virus.

[lee-tambien]https://front-p7.dpsgo.com/notas/sociedad/2020/11/23/la-menos-costosa-y-mas-facil-de-almacenar-vacuna-de-astrazeneca-y-oxford-tiene-una-eficacia-de-70.shtml[/lee-tambien]

Mientras mis hermanos, mi madre y yo tratábamos de lidiar con la pérdida desde nuestros confinamientos en países diferentes, yo me enfrentaba a otra peligrosa realidad: Miami, y Florida en general, se estaba volviendo un importante foco del virus en Estados Unidos. Y mi trabajo era cubrir esa historia.

La idea de hacer algo activamente para ayudar a derrotar a esta plaga me ofrecía un poco de paz.

Lo charlé con amigos y familiares y todos me ayudaron a concluir que, como soy asmática, el peligro de un potencial efecto secundario por la vacuna no podía ser mayor que el riesgo que yo corría si me contagiaba de coronavirus.

Y así decidí participar.

Dos días después de escribir un reportaje de AFP sobre el inicio de los ensayos clínicos de fase 3 en Florida, yo estaba tocando otra vez la puerta del centro de investigaciones. Pero, esta vez, como sujeto de estudio.

Los Research Centers of America, en el suburbio de Hollywood al norte de Miami, estaban desarrollando los ensayos de Pfizer y Moderna. Alternaban. Un día uno, otro día el otro.

Decenas de otros centros de investigación en el resto del país también reclutaban voluntarios. Cualquiera podía ofrecerse, siempre que sus probabilidades de contagio fueran altas: camareros, médicos, taxistas… o reporteros.